Las dificultades asociadas a la alta capacidad

Los niños y niñas con alta capacidad desarrollan una serie de habilidades diferentes a las normales para su edad. Si no se identifican a su debido tiempo, y si no pueden potenciar sus aptitudes, se producirá un deterioro en su desarrollo intelectual, en su desarrollo social y en su felicidad. En consecuencia, estos niños tienen necesidades educativas especiales, parcialmente diferentes a las que generalmente corresponden a su edad.

Si no desarrollan todo su potencial intelectual pueden aparecer este tipo de problemas:

  • Un sentimiento prolongado de frustración.
  • Agresividad (el niño se rebela y se niega a seguir las reglas establecidas, da muestras de violencia verbal y física).
  • Pasividad (el niño intenta abstraerse del mundo exterior y se crea un mundo de fantasía sin contacto social, se muestra reacio a comunicarse con la gente y no se defiende si recibe insultos o le pegan).
  • Diferentes tipos de conflictos (con compañeros, con profesores, con padres y madres, entre profesores, entre padres y madres, entre familias y profesores,…)
  • Desinterés por esforzarse con las tareas escolares
  • Posibilidades claras de desembocar en fracaso escolar.
  • Abandono del deseo de desarrollo de sus propios talentos y capacidades, como vía única a su alcance para poder combatir esta serie de problemas.

Los profesores de estos chicos se sienten a menudo desconcertados y amenazados. Estos alumnos poseen elevada observación crítica, una alta capacidad analítica y una marcada incredulidad que les obliga a cuestionar todo. Se suelen adelantar a las explicaciones del docente porque necesitan un ritmo de trabajo superior al que les marcan. Su capacidad de pensamiento es vivida como una molestia en el aula y el profesor no sabe cómo afrontar las inquietudes que estos alumnos plantean.

Los expertos coinciden en que para poder dar una respuesta educativa adecuada y que esta capacidad no se convierta en un problema, lo más adecuado es empezar por una correcta identificación temprana. La edad sugerida como ideal para esta evaluación varía en un rango de entre los dos a los seis años de edad.